Delirios

Anoche me levant√© y empec√© a so√Īar. Rodolfo chillaba como si no hubiera un ma√Īana, se cay√≥ al suelo y nadie quiso acercarse. Una familia loca con una madre igual a un monstruo de cuerpo peludo y lleno de bultos, un hijo casi muri√©ndose. Camarera ponme otra que yo de aqu√≠ no salgo, a tomar por cleta la biciculo.

Historias corrientes, historias de delirios.

Tus contradicciones

warm up #sketch :
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No digas que la vida es f√°cil si te derrumbas cuando se te cae la tostada por el lado de la mantequilla. No digas que eres positiva si el negro es tu color favorito. No digas que te dejas llevar si no sabes para donde correr cuando te diriges hacia¬†un lugar que no esperabas. No digas que te gustan las sorpresas si te asusta que te tapen los ojos por detr√°s y no sepas qui√©n es. No digas que no piensas si tu cabeza siempre explota al final del d√≠a. No digas que no has cambiado si el espejo te tiene que mirar dos veces. No digas que est√°s tranquila si hasta tu propio pesta√Īeo te pone nerviosa.

Yo me r√≠o. T√ļ te esfuerzas. No puedes controlar tus contradicciones, te hacen ser quien eres. Me gustan tus contradicciones.

Hugo y Corina (7)

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Sonia Gil S√°nchez https://www.instagram.com/sonidella

Ya un mes despu√©s del desconcertante incidente del hombre desali√Īado que toc√≥ a su casa preguntando por ella, Corina sent√≠a la necesidad de sacarlo a la luz, de hablarlo, de saber qui√©n era ese hombre y por qu√© dijo que su padre le arruin√≥ la vida.

Se levantó con decisión de la cama y fue a presentarse por sorpresa en la casa de su padre.

El portero le permiti√≥ el paso sin ning√ļn tipo de traba. La hija del se√Īor Luis estaba all√≠ de nuevo.

‚ÄĒ¬°Me alegro de verla de nuevo por aqu√≠, se√Īorita!

‚ÄĒYo tambi√©n me alegro de verte, Albert.

Corina se disponía a tocar al timbre de la casa, pero no llegó a hacerlo porque se dio cuenta de que la puerta estaba medio abierta y que al parecer alguien había entrado justo antes que ella y se había olvidado de cerrarla.

Le pareci√≥ o√≠r una conversaci√≥n acalorada, por lo que decidi√≥ entrar a hurtadillas a lo que un d√≠a fue su hogar. ¬ŅEncontrar√≠a precisamente lo que estaba buscando en esa conversaci√≥n que ten√≠a su padre con el invitado que la precedi√≥? Iba a averiguarlo en silencio y escondida detr√°s de la esquina que resguardaba a los dos hombres de traje negro y vaso de whisky en mano.

Luis hablaba de cuando todo empez√≥. No era m√°s que un joven e inexperto estudiante de derecho que se marchaba a Nueva York para empezar una nueva vida. All√≠ conoci√≥ a Edward, famoso en toda la ciudad por la herencia que le dej√≥ su padre, que se convertir√≠a en su socio al acabar la carrera y en el mejor amigo que logr√≥ encontrar en sus a√Īos universitarios.

Luis era un estudiante constante y sobre todo muy ambicioso. Al acabar sus estudios decidi√≥ volverse a su ciudad natal y llevarse consigo a Edward. Este no ten√≠a nada; ni casa, ni familia, ni m√°s compa√Ī√≠a que la de Luis Vila. Poco a poco, Luis fue conociendo a importantes figuras del mundo de la abogac√≠a y entablando importantes relaciones profesionales con ellas.

A los 25 a√Īos, Luis ya era un renombrado abogado, mientras que Edward no se hab√≠a logrado tanta fama en su trabajo. El padre de Corina, en un acto de generosidad, admiti√≥ a su querido amigo en su bufete para poder proporcionarle algo de trabajo. Luis lo ten√≠a todo, y Edward solo lo ten√≠a a √©l.

Luis y su socio Nicol√°s se fueron haciendo m√°s fuertes profesionalmente con el transcurso de los a√Īos, y esta fuerza les llev√≥ a menudo a negocios sucios y escandalosas deudas a las que no pudieron hacer frente. La empresa que ambos capitaneaban acab√≥ endeud√°ndose por completo. Edward era su √ļnica salida, el √ļnico que no estaba metido en esos negocios sucios y que no ten√≠a ni idea de todo lo que ellos trajeron.

Decidieron poner la deuda a nombre del ingenuo Edward, lo que terminó por ocasionarle la pobreza más absoluta, y con ello, la perdida inmediata de la dignidad. En definitiva, perdió todo lo que tenía. Por supuesto, fue rechazado por todos lo bufetes y despachos de todo el país. Tuvo que deambular por las calles, sin nada que comer, sin un techo bajo el que dormir, y sin nadie que pudiera ayudarle. Fue encarcelado durante unos meses, debido a todo lo que tuvo que hacer para poder pagar la deuda.

Lo √ļnico que Edward ten√≠a era su hermano mayor, que acudi√≥ en su ayuda, pero al enterarse de qui√©nes hab√≠an sido lo que hab√≠an llevado a su hermano a esa ruinosa situaci√≥n, fue asesinado por unos sicarios a cargo del propio Luis y Nicol√°s. Era necesario matarlo para salvaguardar el prestigio de ambos y el secreto deb√≠a permanecer oculto para siempre. Edward volvi√≥ a Nueva York y fue a centros de ayuda para desfavorecidos o simplemente a la calle.

Este pasado realmente oscuro y tormentoso que Luis nunca confesó a nadie era, lógicamente, algo de lo que se arrepintió toda su vida.

 El motivo de la visita de Nicolás había resultado realmente preocupante para Luis. Su socio lo llamó para advertirle que Edward había vuelto y se había curado, gracias a sus esfuerzos incansables por salir de esa tumultuosa vida.

Corina apenas hab√≠a o√≠do hablar de los a√Īos universitarios de su padre y nunca le hab√≠a contado nada sobre ese tal Edward. En ese momento empez√≥ a darse cuenta de que la conversaci√≥n empezaba a cobrar sentido. Las dos siguientes violentas frases le hicieron reafirmarse en su pensamiento.

‚ÄĒLuis, Edward ha regresado, y lo ha hecho para vengarse.‚ÄĒ le dijo Nicol√°s con preocupaci√≥n en su tono de voz.

‚ÄĒYo estoy realmente avergonzado, llegamos demasiado lejos con ese asunto. S√≠, le destrozamos la vida, pero aun sin tener suficiente‚Ķ ¬°¬°MANDAMOS MATAR A SU HERMANO!! ‚ÄĒdijo Luis levantando intensamente la voz.

Corina se echó las manos a la boca, sin poder conseguir respirar correctamente, los ojos se le iban para todos lados, se separó de golpe de la pared donde estaba apoyada, y sus pies parecían flotar en la nada. Se sentía mal, muy mal, todo le daba vueltas.

‚ÄĒ¬°¬°Chiss, baja la voz, Luis, pueden o√≠rte!!!

‚ÄĒYo ya no le tengo miedo a nada ni a nadie… ‚ÄĒdijo Luis convencido pero sin poder ocultar el miedo que sinti√≥ de repente.

‚ÄĒEsto¬†es serio. ¬°¬°¬°Va a por tu hija!!!

Esas ultimas palabras de su socio se le clavaron en lo más profundo de su alma, el estómago empezó a construir nudos y sintió como si alguna mano invisible le retorciera el cuello.

‚ÄĒ¬°¬°Mi ni√Īa noooooo!! Ella es totalmente ajena a todo esto. Mis errores del pasado no tienen que perjudicarle. Si le pasa algo no me lo perdonar√© jam√°s. ‚ÄĒsolloz√≥ desesperado.

Al o√≠r esto todo se le empez√≥ a mover y la realidad parec√≠a tan on√≠rica como en los cuadros de Dal√≠. La vista se le nublaba. Hab√≠a tenido que soportar escuchar en primera persona que su padre mand√≥ matar a un hombre. Poco a poco se fue alejando de esa fat√≠dica escena, con mareos constantes que no le dejaban dar un solo paso firme. Caminaba de un lado a otro sin control de la gravedad, ni de su propio cuerpo, como si se encontrara en estado ebrio. Agarr√°ndose a todo mueble que se le presentara cerca, intentaba salir de su antigua casa a la que ya no pensaba volver jam√°s. Toda su vida hab√≠a estado a cargo de un asesino y ahora decir, mi padre solo le producir√≠a rechazo, dolor y mucho asco. No pod√≠a creerse el odio y el rencor que ten√≠a dentro de su peque√Īo cuerpo en ese momento.